Movimiento libre

En la actualidad todavía es muy común pensar que un bebé evoluciona en los distintos movimientos característicos de un ser humano si recibe la intervención constante del adulto, se observa con frecuencia el intento de acomodar y ubicar su cuerpo en una determinada posición para que avance más rápido en este aspecto. Muchas veces esto sucede por falta de información, por la alegría de querer verlo crecer, por la creencia de que nuestra ‘’ayuda" es el único medio para lograrlo, en el peor de los casos por una competencia inconsciente cuando otro bebé conocido alcanzó este progreso en un tiempo más rápido y sumado a esto el posible miedo y la frustración de sentir la mala ocupación como padres, entonces deciden apurar esta situación y empezar a forzar movimientos siendo, sin darse cuenta, hasta exigentes para con su bebé, algo que no es bueno para él.

El desarrollo motriz es un proceso evolutivo que se va dando de forma absolutamente natural y avanza espontáneamente. A partir de los 6 meses de un bebé los movimientos comienzan a ser cada vez más guiados por su voluntad. Durante el crecimiento existe un parámetro de tiempo para cada adquisición motriz pero esto es un aproximado, puede variar, se puede dar un poco antes o un poco después, lo que no lo hace mejor ni peor, siempre tener en cuenta que cada niño es diferente y responde a sus propios tiempos. Permitir como adulto el movimiento libre promueve una auto-construcción del niño de una manera sana ya que desde pequeño se le está permitiendo alcanzar su propia autonomía.

A Maria Montessori no le gustaba considerar el movimiento por fuera de la educación, cuerpo, mente y espíritu trabajan conjuntamente y se relacionan entre sí para que se construya una individualidad que será única e irrepetible. 

Entonces la pregunta es: ¿Cómo podemos colaborar con el niño sin afectar su ser?, en pocas palabras sería: 

NO HACERLO POR ÉL

 

Es importante destacar la aportación de Emmi Pikler a la pedagogía Montessori con respecto a la primera infancia si lo que se busca es seguir una crianza respetuosa. No intervenir en los movimientos del bebé es la mejor elección, el adulto debe participar únicamente en la preparación de un ambiente amplio para que las oportunidades motrices se puedan extender sin límites, que sea adaptado, que no presente ningún obstáculo y tampoco ningún peligro.   

¿Cuándo se está interviniendo equivocadamente? cuando se ubica a un bebé en una postura para la cual no está preparado y no puede realizar desde su propio esfuerzo, esto lo obliga a permanecer de ese modo porque no tiene el desarrollo suficiente para modificar la posición, además se está generando y fomentando una dependencia con el adulto al no poder re-acomodar su cuerpo independientemente, cualquier tipo de posturas anormales a sus tiempos también afecta forzando y tensando sus músculos, huesos y articulaciones aún no desarrollados para esto. También es perjudicial intentar restringir movimientos que comienza a practicar continuamente, por ejemplo, ya se mantiene en dos pies pero prefiere gatear y como adultos le insistimos a que deje de hacerlo cambiando su posición, estas elecciones son normales y no deben preocupar ya que esta repitiendo y experimentando sus diferentes posibilidades de movimiento. 

Evitar intentar sentarlo prematuramente ya que puede inhibir el gateo, como también intentar pararlo, evitar sostenerlo a upa constantemente, evitar ofrecerle un dedo para que se sostenga, evitar proporcionarle estímulos obligados, es decir, si se considera que un material es bueno para su desarrollo se espera a que el mismo niño se sienta atraído y se acerque. 

Los productos más famosos del mercado vendidos a las familias como algo necesario para el desarrollo y que si o si se deben comprar terminan siendo perjudiciales porque atacan esa iniciativa que debe surgir solamente del niño y limitan su proceso, por ejemplo, andadores, columpios, corralitos, brincadores, ropa de moda y a la vez incomoda, además de costosos no se relacionan con ningún fundamento científico con respecto a las verdaderas necesidades. 

El proceso natural corresponde a rolar, reptar, sentarse con apoyo, gatear, se para en dos pies, camina, establece el equilibrio y busca mayores desafíos motrices. Promover libertad dejando que la naturaleza guíe al perfeccionamiento, de este modo se fortalece un niño seguro, más atento de su accionar en el ambiente y con un mejor control de su cuerpo porque sabe que lo ha conseguido por sí mismo.

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