Límites sin el uso del NO

A todos alguna vez nos ha pasado de querer frenar una acción incorrecta de algún niño usando firmemente la palabra “NO” y recibir como respuesta la misma acción empeorada, en ese momento se suele pensar en la pérdida de valor que está teniendo nuestro rol de adultos ya que el niño no le da importancia a nuestros pedidos que tienen como fin poner un límite.

Quiero enviarles calma a todos los que estén pasando por esta situación y contarles que esta incomprensión por parte del niño tiene una explicación científica que es necesaria tener en cuenta para una mejor utilización de nuestras palabras en las relaciones sociales y también en los pensamientos personales que enviamos a nuestro cerebro.   

El NO es una palabra que está disponible en nuestro vocabulario y decirla es totalmente natural, la dificultad aparece cuando esta palabra es la única que usamos para expresar nuestra negación frente a determinada situación, es necesario empezar a familiarizar nuestras reacciones de disconformidad con otras palabras que representen lo mismo que el NO de una forma más positiva, es decir, de esta manera evitaríamos la repetición constante de la firmeza que expresa el NO y dejaríamos su utilización para cuestiones más puntuales como un peligro que requiera rápidamente una palabra corta y directa, es decir, reservarla para un niño que se acerca a tocar el fuego o que va corriendo hacia el tráfico.

Cuando nos relacionamos social-mente con los niños el uso del NO se vuelve cada vez más común, ya desde que ellos comienzan a tener la posibilidad de moverse por el ambiente, yo diría desde que gatean y su guía interno los invita a explorar cualquier tipo de lugares y objetos sin poner límites, ni reconocer los peligros, porque de eso se debe encargar el adulto, comenzando por “NO gatees por acá que esta todo mojado”, en vez de “acá vas a poder gatear sin mojarte”, ya sé que me estoy refiriendo a un niño muy pequeño pero desde la simpleza de ese momento influye el uso del NO para todo su crecimiento, por eso transformemos las palabras de una orden establecida a sugerencias dinámicas y posibles. 

Algunos otros ejemplos:

“No corras dentro de la casa” / “Quiero que camines despacio dentro de la casa, puedes correr afuera”

“No grites” / “Hay demasiado ruido, mejor baja la voz, es molesto para los oídos”

“¡No!, lo estás rompiendo” / “Debes tocarlo delicadamente para que no se dañe” 

“No pegues” / “Cuida del otro con cariño”

El abuso de la palabra NO para cualquier cosa que haga termina agotando al niño y lo pone a la espera de que el solo hecho de moverse implique que va a recibir otro NO como respuesta, por esta razón a la larga tendrá la necesidad de “hacer igual” sin importarle la palabra que tanto lo restringe. 

No es que el cerebro no procese la palabra NO, necesita comprender dicha expresión para luego finalmente negarla. El NO, no ofrece demasiada información, esta palabra puede ser la más directa para negarse pero no es la más directa para comprender, está comprobado que el cerebro responde más rápidamente a palabras positivas que puedan poner el mismo limite que el NO, algo que se puede probar por uno mismo, por ejemplo, si nos proponemos NO pensar en flores rojas, lo primero que se aparece en la mente son flores rojas, entonces el NO perdió todo su significado, pedirle a un cerebro que no pienses en algo o a un niño que no haga algo provoca que ese algo ya este convertido en imagen con todos sus detalles y muchas veces las imágenes en la mente son tan poderosas que ocasionan respuestas en el organismo

El trabajo está en no reforzar la acción que queremos evitar con la palabra NO, las palabras se conectan con la experiencia, entonces se debe ser positivo, claro y preciso en nuestra forma de disciplinar para que el cerebro del niño no interprete cosas diferentes a las que nos proponemos realmente.

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September 22nd 2020
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