¿Yo realmente puedo?

Las diferentes experiencias del niño en desarrollo son las que van construyendo su personalidad, el adulto se convierte en el ejemplo más importante, es visto como un gran conocedor de la vida en la tierra y por lo tanto sus acciones y palabras son consideradas como la verdad absoluta. El niño confía que aquel humano ya desarrollado le dará las mejores herramientas para adaptarse a este mundo y poder cumplir con su misión. 

Cada niño nace con una fuerza interior magnifica, dentro de su ser no existe nada que pueda desviar la chispa que lo invita a crecer, conecta inmediatamente con la naturalidad de la vida y se deja orientar por los guías que colaboran en la práctica de todo el potencial que ya viene consigo. La guía de la naturaleza estará presente en sus primeros tres años, lo impulsará a obtener y conocer lo máximo indispensable para continuar su camino independiente, luego el adulto será cada vez más protagonista y si la verdad con la que ha nacido se ha distorsionado puede guiar confundiendo y desviando el estado de pureza y libertad de un niño.

Cuando el niño comienza a desconfiar de sí mismo y de su capacidad de adaptación, cuando inconscientemente su fuerza interior se empieza a apagar y su misión de perfeccionamiento a desvanecer, es porque su verdad está siendo modificada, han entrado en su ser sensaciones que no conocía y en vez de potenciar su energía lo desgastan al punto de perder el sentido de su gran trabajo.

Uno de los sentimientos negativos más frecuentes es sentirse inferior a otros que si perdura se convierte en el llamado complejo de inferioridad

¿Qué es? es mantener una falsa creencia de nosotros mismos y se la considera con tanta veracidad que terminamos construyendo y desgastando nuestro ser en base a esa idea equivocada. 

Es muy común encontrarse con niños que son constantemente criticados, juzgados y humillados, nunca reciben una observación positiva de sus personas más queridas, cualquier cosa que hagan o digan es motivo para desaprobarlos irracionalmente, las situaciones son muchas y diversas pero el mensaje transmitido es uno solo: no eres capaz.   

También este sentimiento es potenciado cuando el adulto realiza comparaciones con otro niño (familiar o conocido) ya sea por su carácter: “es más ordenado que vos”, su aspecto “que lastima que no tenes ojos claros”, sus habilidades físicas “que rápido que corre y vos tan lento”, sus habilidades intelectuales “tus amigos ya saben leer y vos nada”, sus adquisiciones materiales “tu amiga tiene cosas que vos nunca vas a poder tener”. 

De esta forma con la suma de cada acción o palabra descalificadora, la autoestima del niño se deforma cada vez más porque cree inocentemente en lo que su guía adulta le está diciendo, comienza a desvalorar sus propias aptitudes y su “yo” se reconoce con gran debilidad e incapacidad, muchas veces se empieza a privar de hacer y decir por miedo a equivocarse y decepcionar, por creerse que nunca alcanzará las expectativas de los demás, esta percepción de sí mismo lo acompañará posteriormente en sus nuevas relaciones sociales, se le hará difícil el camino hacia sus objetivos como niño y peor aún como adulto.

Cuando el niño vive bajo el dominio del error que el adulto le marca constantemente aprende que haga lo que haga no hay solución, que todo está fuera de su control, lo que posteriormente se puede convertir en una indefensión aprendida.

Un adulto con estas características castiga y humilla siempre el error cualquiera sea el tipo de situación, ¿quién instauró en la sociedad que el error es malo?, el error nos indica cuanto más debemos esforzarnos para perfeccionarnos, nos da experiencia, nos pone a prueba para nunca renunciar y seguir intentando, nos ayuda a elegir nuestras fortalezas. Es necesario que un niño en desarrollo viva el error y lo más importante es que lo viva con naturalidad, al punto que hasta con el tiempo un error se convierta en una divertida anécdota. Lo más acertado es no intervenir en el momento de error, entenderlo como algo necesario para su corrección y control. Seamos sinceros, de adultos se siguen cometiendo errores, es algo inevitable, los niños quieren vernos equivocar y así poder crear el pensamiento de que no es un humano fallado en el mundo sino que es un humano más en proceso de perfección y así será por el resto de su vida porque el trabajo de perfección no tiene límites

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September 22nd 2020
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